Kamikaze

Lo que recuerdo de ti podría caber en las notas alegres de una sola canción,
cambiando el ritmo,
con duración un minuto menos,
lo mínimo para hacer de ello un cobarde recuerdo.

A mi a valentía no me ganaron,
reconócelo,
llegué arrollando un sinfín de prejuicios y me los lleve cargados como si fueran parte de mi neceser de diario,
con naturalidad y poco pensar,
no me lo niegues,
había corazón para cuatro y salida para nadie,

siempre pensé que un kamikaze no llegaba a ningún sitio que no fuese un cementerio, como mucho a ser ejemplo de una historia errónea
y aún así hice mío el lema de muerte antes que deshonor,
anudé a mi cuello el hachimaki símbolo de mi amor por ti e hice uso del derecho a probarlo,
por si la técnica ensayo error arrojaba un resultado distinto,
cualquier cosa menos suave y despacio, cualquier cosa menos amor en el recorrido hacia una muerte que se anunciaba a cada paso por tu vida.

¿Lo vi venir?
puede,
pero quise cambiar al venir el signo negativo de sus apuestas,
decidí poner calor y derretir hielo para ver si en el proceso podía nadar hacia algún lugar de tu cuerpo donde encontrar los restos de un corazón de hojalata.

Nada que reprochar,
yo sólita me até tu símbolo al cuello sabiendo que su lugar era la cabeza,
me elevé del suelo lo necesario para creer en ti más allá de las malas lenguas de tres fracasados
y todo discurrió rápido,
tú simplemente me dejaste caer sin acción que echarte a la cara,
sin participación alguna,
sin remordimientos,
con los dos quintos de ignorancia que se regala a alguien que pasó como un suspiro y un suspiro es eso,
unos segundos de aire con significado breve y poco relevante si no va acompañado,
la historia podía haber cambiado o no,
pero,
si por lo menos hubieras vuelto a suspirar,
si por lo menos hubieras hecho polvo algún silencio,
si te hubieras roto en alguna palabra,
no hubiese sentido el peso del ridículo de una causa inexistente,
de una cabeza rodando por perderla,
de ser un final de estatua en la plaza del pueblo con una gran placa que reza,
“buscando máximas erróneas
el único error real era ella
y una historia demasiado triste para que nadie buscara entender nada “

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