Echar de menos

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Aunque tú no lo sepas. Enrique Urquijo

Me gustaría haberlo sabido hacer así de bien,
como tú,
pero vamos a contar verdades,
te sigo echando de menos,
aunque pierda la frase por minutos en el fondo del bolso como me ocurre con las llaves,
esas que para el resto del mundo tiré aquel día de febrero en que me cerraste la puerta en la cara,
la que empujo a veces en un último intento de abrir con una llave que no es y me miento.
Escribo todos los días, no necesito poner destinatario,
siempre eres tú, y algunas noches de luna llena aúllo e intento bajarme estrellas, quizá para engañar a mi añoranza, esa que me gustaría tanto que fuera tuya y vinieras a reclamármela.
Tontas letras, hacen que me parezca que sigues aquí conmigo,
te confieso que no recibo contestación a las que me quedaron por decir, por oír,
tu silencio es lo que me hace dar vida a las palabras con las respuestas que nunca habrá, se levantan conmigo y gritan ¡díselo! pero se acaban quedando con los restos del desayuno porque ya no encuentran sintonía enfrente de ningún café con leche templado.
¿Sabes?
te echan de menos,
sobre todo ellas, salen de cualquier sitio y te buscan,
y por aquí un “te quiero”, y por allí un “hola” y un “luego hablamos” que no tendrá luego,
y a la vuelta de los minutos una mirada atrás,
y al cabo del día que se me escapa sin poder atar ni un recuerdo, un “buenas noches” que nunca tiene otro destino que una almohada en color degradado por un salitre que recuerda que no estás,
y entonces les da por buscar, por no dormir, por pasar la noches en vela sin luz que alumbre una salida para el sueño
y ya casi estoy levantándome, preparando el mismo vestido con el rótulo de tu nombre en todos esos rotos que he ido haciendo costuras,
y salgo a la calle hacia atrás, con ese lema que no me deja avanzar, que me lleva de nuevo a tu esquina,
esa en la que intento dejarte,
esa que sigo echando de menos.
Suben y bajan los ritmos, los tonos,
suena aquella canción que ilumina una esperanza sin serlo, si he de ser sincera, casi todos los días la piso sin querer,
termino odiando estas 24 horas en formato de 72 que se hicieron en exclusiva para mí el día que te fuiste,
intento encontrar comidas que se pasen en segundos, pero ya no quedan, nos las debimos comer todas.
Y vuelve otro día en igual eterno formato, buscando entre recuerdos,
porque ¿sabes? ya no tengo otra cosa que ese tú borroso que revivo en aquellas palabras tuyas que ya son mías a fuerza de releerlas y desgasto en mi memoria todas esas fotos que borré y con esa cabeza que perdí contigo, lo intento,
a ratos lo intento,
empujo todo dentro del armario como si fuera ropa de invierno pasada de moda, cierro y tiro la llave,
pero sigo ahí, en el pasado, como si cada día diera continuos pasos atrás porque no quiero futuro sin tus palabras, porque ahí es donde aún te encuentro, donde todos los días te susurro “te sigo echando de menos”,

aunque no llegue a ningún sitio, aunque me pregunte ¿qué haces loca?, aunque no encuentre respuesta al ¿para qué? o se me atragante la no respuesta en forma de nudo en la garganta, de esos que si lo tragas te ahogas y si encuentras la respuesta deja de latirte el corazón,

¿para qué?,
ahora eres mi “para qué” al que no hay otra respuesta que “para nada” y la seguridad de no poder olvidar que siempre seguiré echándote de menos.

Situmiradanomiente

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